Experimentando con la comunicación masiva

La creación de este Blog se enmarcó dentro de una actividad académica, una práctica universitaria, por la que se nos dió la oportunidad de conocer una nueva forma de comunicación, una ventana al mundo de Internet, al que nos asomamos todos desde nuestros ordenadores y por el que voceamos al mundo que tenemos algo que decir.

Meses después, se recogen las reflexiones más interesantes sobre la nueva economía del conocimiento, elaboradas durante la realización de los estudios máster, para compartir con quien pase por aquí.

A vueltas con las TIC y la economía del conocimiento


La economía del conocimiento, entendida como aquella en la que la producción y el uso del conocimiento son los factores clave para la generación de riqueza, tiene en las TIC el principal motor e impulso para su implantación definitiva a escala global.


De hecho, es la primera vez en que el conocimiento aplicado para la creación de nuevos avances tecnológicos – en este caso, de las propias TIC- sirven además para generar nuevo conocimiento, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y su uso. También es la primera vez en que los usuarios y los creadores de los avances tecnológicos pueden ser los mismos y tomar el control de la tecnología, como ha sucedido en el caso de Internet, en donde el propio usuario se vale de la propia tecnología para generar nuevos desarrollos, nuevos contenidos, nuevos conocimiento...

Por otro lado, estamos viendo cómo en los últimos años, los avances de las telecomunicaciones, con los ordenadores portátiles, la telefonía inalámbrica y la propia Internet –bautizada a finales del siglo XX como autopistas de información- han permitido la interconexión y la interacción de más de 1.000 millones de personas en un mundo digitalizado -como diría Negroponte- que ha elevado sus índices de productividad y competitividad hasta cotas antes impensables.

Es, pues, un hecho constatable que la irrupción de las TIC en la sociedad del último cuarto del siglo XX ha supuesto una transformación económica, social, política y cultural sin precedentes en la historia de la humanidad por su ritmo, penetración, velocidad y naturaleza de los cambios que está produciendo. Su alcance en el nivel de transformación es tal que incluso algunos autores le dan un estatus superior al de “revolución” y lo denominan “era”, la Era de la Información y el Conocimiento.

Sin embargo, si bien las TIC son el motor que impulsa una nueva sociedad y, por ende, una nueva economía basada en el conocimiento, se deberán hacer grandes esfuerzos para que su progresiva implantación asegure la globalización real del nuevo estilo de vida.

De cómo las TIC influyen en los organigramas: las jerarquías organizacionales

Mi experiencia profesional me ha llevado a conocer empresas muy jóvenes, con estructuras horizontales, donde el lema era “dinamitemos el organigrama” y en la que se fomentaba la creatividad, teniendo como bandera el fin de las jerarquías; también he conocido empresas con estructuras verticales y rígidas, donde el organigrama regía, hasta casi el inmovilismo, cualquier desarrollo operativo… y empresas híbridas, donde la opacidad y falta de claridad impiden hasta el conocimiento del propio organigrama que permitiría saber cómo desenvolverse en la estructura organizativa, aunque se intenta fomentar una organización horizontal y transversal de funciones, por pura supervivencia del empleado que se siente perdido en este mare mágnum organizativo … y después de este cúmulo de experiencias, concluyo y acuerdo que lo importante es el equilibrio, el punto justo. Ni organizaciones planas, donde en ocasiones hasta se pierde la referencia en la toma de decisiones o en la capacidad de reacción, ni organizaciones verticales, donde la jerarquía asfixia cualquier iniciativa favorecedora para la empresa.

Por otro lado, como seres humanos que somos, hacemos de nuestras empresas el reflejo de lo que sentimos… y si sentimos que nuestro puesto de trabajo peligra, de nada valen que las TIC propicien, fomenten y estimulen entornos colaborativos, por la rapidez en la transmisión de ideas e información, o que la propia organización implante nuevas plataformas para que el empleado comparta su conocimiento, su experiencia, en un afán de enriquecer el capital intelectual de su empresa… en épocas de inestabilidad profesional, como el que volvemos a atravesar hoy en día, el empleado se aferra a su conocimiento (entiéndase como procesos de trabajo, contactos en la organización, métodos de acción, datos sobre proyectos, líneas de negocio, iniciativas internas, etc.) como su principal tesoro y no comparte ni compartirá en un homérico intento de que la organización le considere “imprescindible”.

Las empresas de organización horizontal, donde se potencia el talento como herramienta para la generación de ideas, decisiones y apuestas por la innovación, tendrían que contar con la madurez emocional e intelectual de los que la forman para no sentir en este tipo de organización una amenaza a su puesto de trabajo o a su posición en el organigrama.

Las TIC democratizan el acceso a la información y como tal, dan poder. Hace más de veinte años, el presidente de Apple Computer en una sesión del Top Management Forum de Barcelona aseguraba que las nuevas tecnologías de la información cambiarían las relaciones entre empresa y trabajadores y supondría el fin de las jerarquías internas, "debido a la implantación de la informática, que distribuye los datos de forma más democrática y genera una mayor autorresponsabilización del trabajador" (González, Enric. “La informática revolucionará la jerarquía de las empresas, según la cumbre de directivos” Barcelona: El País – 14/05/1986) Esta perspectiva, veinte años después y, como he mencionado más arriba, en un entorno cambiante, sí –como lo han sido los previos, pero además amenazante por el riesgo a perder tu puesto, hace peligrar la idea de triunfo de las organizaciones horizontales fruto de la aplicación de las TIC en la nueva SIC.

En cualquier caso, mi apuesta personal como gestora de un equipo está en allanar la jerarquía para fomentar el talento, apostando por la autorresponsabilidad, compartiendo conocimiento y experiencias por propio “egoísmo formativo y enriquecedor”, en un entorno cambiante y competitivo, aprovechando las ventajas de las TIC… todo esto, siempre que el empleado lo permita… :-)

El mejor resumen: un siglo de Tecnología

Entrañable vídeo para mostrar, sencilla y llanamente, para qué sirven de verdad las Tecnologías de la Información y la Comunicación.

¿Qué nos quedará por ver?... Como diría el "güelu" Nardo: "¡Qué adelantos!"

Las TICs en la radio y la TV: rompiendo las barreras del espacio/tiempo

Este podcast del programa radiofónico "La Ventana" ilustra amablemente sobre cómo las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones están rompiendo con las barreras espaciales y temporales en el acceso y consumo de los contenidos, esas piezas de información y comunicación que, gracias a Internet y a los nuevos entornos tecnológicos de distribución, permiten al individuo, o bien escuchar la radio en tiempo real pero a miles de kilómetros de distancia, o bien hacerlo de manera diferida y fragmentada, provocando la ruptura con la linealidad que acostumbrábamos.

La periodista Gemma Nierga y el escritor Juan José Millás reflexionan sobre la instantaneidad de la radio y la televisión a través de Internet, ayudados por el catedrático de Sociología Fermín Bouza y por el Director de Contenidos de Digital+, Álex Martínez Roig, que explica cómo las nuevas tecnologías (en este caso, los PVRs -Personal Video Recorder: grabador de vídeo personal) están llevando a los telespectadores a "dejar de ver la televisión en directo".

Podcast de "La Ventana": viernes 22 de mayo 2009

La Cultura Audiovisual Digital: Televisión e Internet, tan distintos, tan iguales. Una mirada sobre la evolución de la Televisión e Internet

1.- Televisión e Internet: los dos grandes medios de comunicación de masas.

Desde que, ya a finales del siglo XIX y durante el primer tercio del XX, el hombre se empeñara en transmitir imágenes a distancia, puesto que ya había conseguido transmitir el sonido y captar imágenes a través de una cámara (imágenes realistas, como señala Berenguer[1]), la televisión, que transmitía imágenes en movimiento por el aire recibidas en un aparato a relativa distancia de donde se habían originado, ha sido el fenómeno de comunicación, entretenimiento, difusión, ocio e información más impactante y popularmente extendido a lo largo de la historia de la humanidad.

Efectivamente, si bien finalizando el siglo XX el auge de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones dan origen a otro gran fenómeno social comunicativo, encabezado por la Red de Redes, Internet, a fecha de hoy sigue siendo la televisión la que acapara el mayor índice de penetración a nivel mundial. Según la UNESCO, en 1992 había ya más de 1.000 millones de aparatos de televisión en el mundo, estimando un crecimiento anual del 5 por ciento. Actualmente, existe un televisor cada cinco habitantes en el mundo entero (cuatro por cada cinco en los países desarrollados), en tanto que la penetración mundial actual de Internet es del 23,6%, según Internet World Stats[2]

El nacimiento de la televisión surge por la conjunción de tres inventos aislados que científicos y técnicos aunaron en un desarrollo espectacular que permitiría la transmisión de imágenes y sonido a distancia. Estos inventos fueron la fotoelectricidad o capacidad de algunos cuerpos de transformar la energía luminosa, los procesos de análisis capaces de descomponer las fotografías en líneas de puntos claros y oscuros para luego restituirlas como estaban originalmente; y en el descubrimiento de cómo las ondas hertzianas permitían transmitir por el aire las señales eléctricas correspondientes a cada punto de esa imagen descompuesta a base de líneas y recompuesta en el receptor.

La televisión no nació como una respuesta a una necesidad real de la sociedad ni se planteó una expansión masiva e indiscriminada; más al contrario, la posibilidad de enviar imágenes a distancia iba enfocada a un servicio público y minoritario, como medio de comprobación de documentos, envío de planos o imágenes necesarias siempre en entornos técnicos de trabajo. En este aspecto, los inicios de Internet en los años 60 se asemejan a los de la televisión, en tanto que Internet tampoco nació con una vocación de utilización profusa y multitudinaria sino que surgió en el ámbito militar y posteriormente académico, de donde toma las características que permitieron la popularización de su uso, ya a partir de los años 80.[3]

Una vez inventado y desarrollado el soporte técnico necesario, tanto la televisión por su parte, como Internet por la suya, se han convertido en los sistemas y medios de comunicación por excelencia, cuya importancia, transcendencia y significación no ha dejado de crecer en todo el mundo, dando pie a verdaderas revoluciones tecnológicas y sociales.

Así, la televisión pasó, en algo más de cincuenta años, de los laboratorios científicos a los hogares de miles de millones de personas en todo el mundo. E Internet pasó, en poco menos de dos décadas, de los entornos restrictivos de los militares estadounidenses a convertirse en la herramienta de comunicación, intercambio de información y entretenimiento de más mil millones de internautas en la actualidad.


2.- Evolución tecnológica de la televisión como paso previo a su acercamiento a Internet.

La televisión atraviesa diversas vicisitudes a lo largo de su historia vinculadas con las evoluciones tecnológicas hasta llevarla, según explica el profesor Bustamante[4], a posicionarse como la mejor puerta de acceso a la universalización de los bienes y servicios de la era digital en la mayoría de sociedades, debido a su enorme implantación social, su pujanza económica y su expansión en las nuevas redes.

Las nuevas tecnologías, pues, también afectan al entorno de la televisión y los nuevos sistemas de distribución de su señal, esto es, el cable y el satélite, variarán irremediablemente tanto la industria audiovisual como su repercusión en el ámbito de la comunicación social.

La televisión por cable surge en Estados Unidos, acabando la década de los 40, cuando se pretendía salvar obstáculos geográficos que impedían la correcta distribución de la señal televisiva a través de las ondas hertzianas. Los principales impulsores fueron los antenistas y vendedores de televisión que vieron en el cable coaxial (utilizado por primera vez para la transmisión de mensajes telegráficos submarinos) el modo de mejorar la recepción de la señal en zonas orográficas accidentadas, al tiempo que incrementar la calidad de la imagen y la oferta, sumando emisoras de otros lugares e incrementado el número de canales que podía recibir el receptor a través de este sistema. Durante los años 50 se produjo un gran crecimiento en el número de sistemas de televisión por cable, conocido como CATV (cable antena comunitaria) que fue acompañado por una expansión del número de cadenas de televisión. Iniciando los años 50 se contabilizaban 14.000 instalaciones y ya en 1955 superaban las 550.000. En estos primeros momentos, la televisión por cable permitía ya la recepción de dos o tres canales de televisión frente al canal único recibido por las ondas hertzianas. Su expansión y éxito se afianzan gradualmente hasta alcanzar en 1994 los 57,2 millones y cinco años más tarde los 64,48 millones de abonados.

En Europa, la implantación del sistema de distribución por cable tiene éxito en pequeños países multiculturales y multilingües como Bélgica, Holanda o Suiza pero una penetración más fragmentada y compleja en el resto de países.

Otro gran sistema de distribución de la señal televisiva que empuja a grandes cambios en el concepto de televisión, tanto desde el punto de vista del consumo como de modelo de negocio e incidencia directa en la era digital, es el satélite.

Con la puesta en órbita del primer satélite de comunicaciones, el sputnik, en 1957 se abre la carrera entre estadounidenses, rusos y posteriormente europeos y japoneses para desarrollar y perfeccionar nuevos satélites que permitieran el intercambio de comunicaciones entre países. Será en 1962 la primera vez que una imagen de televisión viaje entre Estados Unidos y Europa, a través del satélite Telstar I. En 1964 ya se pueden seguir los Juegos Olímpicos de Tokio gracias al satélite Syncom III y al año siguiente, el consorcio privado internacional Intelsat puso en órbita el primer satélite para dar servicio a la red internacional de comunicaciones. En este período también hacen aparición los satélites de difusión directa (DBS – Direct Broadcast Satellite) que facilitaban la transmisión vía satélite de decenas de señales de televisión desde antenas parabólicas domésticas a los receptores de los hogares.

En Estados Unidos el satélite tiene un papel determinante en el desarrollo de mercados y economías de escala de la televisión por cable desde 1974, permitiendo que en la actualidad haya más de 73 millones de hogares abonados a empresas de televisión (un 70% de los hogares estadounidenses) En Europa, la historia del satélite es una amalgama de encuentros y desencuentros entre países para su lanzamiento y explotación, evolucionando desde las primeras iniciativas de proyectos informativo-culturales-educativos paneuropeos[5] hasta el lanzamiento del sistema Astra en 1988 por la Sociedad de Satélites Europea – SES[6], con sede en Luxemburgo. La iniciativa europea Eutelsat, que surge en 1979 cuando la ESA (Agencia Europea del Espacio) decide construir cinco satélites de comunicaciones europeos, terminó privatizándose entre 1999 y 2001.

Así pues, el desarrollo del cable y del satélite supone para la televisión un salto cualitativo y cuantitativo, en tanto que se mejora la calidad de la señal recibida y, sobre todo, se incrementa exponencialmente la disponibilidad de canales. Asimismo, estos nuevos entornos tecnológicos, paralelos cronológicamente con el desarrollo de la Red de Redes, se asemejan en aspectos tan relevantes como la pérdida de la identidad nacional, por el hecho de la transnacionalidad de ambos entornos, además de otros factores, como la posibilidad de transmitir, junto con el audio y el vídeo, datos asociados.

3.- Final del siglo XX: el inicio de la convergencia.

No será hasta el nacimiento e implantación de las plataformas digitales, tanto satelitales como por cable, cuando se produzca una verdadera eclosión de la televisión digital y un inevitable acercamiento al nuevo fenómeno Intenet. Es el momento del desarrollo de los sistemas DTH (Direct-to-Home) con plataformas televisivas por satélite digital directo al hogar, la reconversión del cable y el nacimiento de la DTT (Digital Terrestrial Television) en una rápida secuencia que arranca en los años noventa.

En junio de 1994 en Estados Unidos se lanza Direct TV, de pronta expansión por toda Iberoamérica, seguido de USSB, Prime Star (1995) y Echostar (1996). En abril de 1996 se lanza Canal Satellite Numérique en Francia, primera plataforma digital europea. A finales de 1997 se lanza en Japón Sky Perfect TV.

La digitalización del cable empieza también durante estos años con preferencia en los países donde las redes se habían desarrollado tradicionalmente.

Otro paso enorme para la convergencia es la digitalización de la señal que se distribuye por ondas hertzianas, la conocida como TDT o Televisión Digital Terrestre. Se trata de la evolución necesaria e ineludible de la televisión para poder converger en el mundo donde toda la tecnología de base es digital. Con la digitalización, la televisión analógica codifica su señal con base binaria y trata todos sus elementos, ya sean imágenes, sonidos o datos, como bits de información que se pueden almacenar, transmitir y procesar como los de cualquier otra tecnología electrónica, permitiendo, además, dialogar con sus dispositivos, de forma que pasa a tener un papel activo en el proceso de convergencia. Por otro lado, debido a que la digitalización de la señal necesita menos ancho de banda, libera espacio en el espectro radioléctrico que puede destinarse a la emisión de nuevos programas, a la emisión de televisión en alta definición o a la transmisión de datos y nuevos servicios interactivos, potenciando su rol en la prestación de servicios en la Sociedad de la Información.

El primer hito real de la TDT fue el inicio de las emisiones en 1998 de la fracasada OnDigital británica.

En España, la primera plataforma de televisión digital fue Canal Satélite Digital, que contenía, por primera vez, una oferta de televisión de canales temáticos producidos en Estados Unidos, además de canales de producción nacional, siendo el buque insignia la gama Canal+. Vía Digital apareció como alternativa a Canal Satélite Digital, con un posicionamiento parecido pero con derechos diferentes. Más tarde, en el año 2003, estas dos plataformas se fusionaron dando lugar a la actual Digital+. El primer operador de TDT fue Quiero TV, que comenzó sus emisiones en 2000, con canales que ya estaban en otras plataformas pero con la diferencia de que no necesitaba la instalación de una antena parabólica y que se podía navegar por Internet, aunque era una conexión vía módem tradicional a través de la línea telefónica. Quiero TV tuvo unos muy malos resultados financieros y cerró dos años después de su lanzamiento. En cuanto a la televisión por cable, aparece comercialmente en 1995 aunque varios años antes algunas zonas geográficas ya estaban cableadas. Actualmente están operativas Ono, R, Telecable, Euskaltel y Procono-PTV Telecom. En el año 2003 Telefónica lanza la Televisión por IP (IPTV) bajo el nombre comercial de Imagenio, con un posicionamiento comercial similar al de la televisión por cable o satélite aunque con una oferta y precios inferiores, que basan su oferta (como el cable) en el denominado triple play u oferta conjunta de televisión, Internet de banda ancha y telefonía fija.

La TDT llegó a España en noviembre de 2005. En el año 2010 se espera el llamado “apagón analógico”. Y, como en el resto de experiencias en otros países, se espera de la TDT que sirva para rebajar la conocida como “brecha digital” por la que los miles de hogares que aún no están inmersos en la llamada Sociedad de la Información, consigan acceder a servicios propios de esta nueva era a través de la pantalla que les lleva acompañando en sus hogares a lo largo de casi toda su existencia.


4.- La Televisión Interactiva: ¿televisión en Internet o Internet en la televisión?

Según señala Bustamante, el lenguaje audiovisual y particularmente el televisivo es el más multimedia de las comunicaciones clásicas (textos sonoros, visuales, escritos, gráficos…) También hay semejanzas en los modelos de negocio, basados en economías de escala sin más limitaciones que la demanda y los universos lingüísticos y culturales.

Desde 1995 las tecnologías streamming de audio y vídeo (transmisión de datos en flujo continuo) como las de RealNetwork, Quicktime y Windows Media Player permiten la oferta de televisión en Internet, aunque limitado actualmente por la escasez de banda ancha necesaria.

La expansión de Internet y la imbricación con la TV digital ha disparado estrategias y alianzas empresariales entre el mundo informático y el audiovisual: Microsoft compra en 1996 WebTV, en 1999 Yahoo adquiere Broadcast.com, etc. Es el momento en que se mezclan tres modelos: la información, como punto estratégico, con los servicios de fidelización de los usuarios, junto con servicios transaccionales.

La vía inversa, Internet en la televisión, supone el desarrollo de canales y servicios de televisión enriquecidos con elementos interactivos limitados, tomados o simulados del mundo Internet. Se pretende usar Internet como complemento y vía para mantener a los usuarios ante la televisión. AOL (Time Warnet), con más de 23 millones de abonados en Internet, sigue siendo el modelo más acabado de esta estrategia; y su trasvase a la televisión digital comenzó en 2002 con una experiencia en 1.500 hogares que ofrecían el envío de email y de chat por el televisor. En Europa, la británica ITV Digital y la española Quiero TV intentaron un modelo semejante y fue un estrepitoso fracaso.

Como señala Bustamante, la disyuntiva entre TV en Internet o Internet en TV no es simplemente tecnológica (televisor o PC) y reside en los modelos de financiación, los equilibrios entre servicio público y mercado y entre grandes corporaciones y sociedad civil, en las bases de creación y la distribución de contenidos de calidad, en las relaciones y los usos sociales que generen los usuarios-ciudadanos.

Es de esperar sin embargo que, como predijo el pasado mes de enero el presidente de Micrososft, Steve Ballmer, en el discurso de apertura del gran salón de la electrónica CES (Consumer Electronics Show) “se diluirán las fronteras entre la televisión y las computadoras”.

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[1] Berenguer, Xavier. “Las imágenes sintéticas”. Temes de Disseny, 5. 1991
[2] http://www.internetworldstats.com/stats.htm
[3] Según Jane Abbate (ABBATE, J. Inventing the Internet. Cambridge: MIT Press. 2000) Internet tiene sus orígenes en el ámbito militar y sus desarrollos se impregnaron de estos valores: supervivencia, alto rendimiento y flexibilidad. Y cuando durante los años 80 la agencia militar ARPA (Advanced Research Projects Agency) cedió su protagonismo a la sociedad civil, en la figura del NSF (National Science Foundation), Internet adoptó los valores comerciales que también configuraron parte de su éxito: bajo coste, simplicidad y atractivo para el consumidor.
[4] BUSTAMANTE, ENRIQUE (Coordinador). Hacia un nuevo sistema mundial de comunicación. Las industrias culturales en la era digital. Barcelona: Gedisa. 2003
[5] A destacar el lanzamiento en 1993 de la red informativa y canal paneuropeo Euronews para competir con el gigante americano CNN, que pronto se privatizó; y el intento de un canal deportivo, Eurosport, semipúblico, por la alianza de la UER-Unión Europea de Radiodifusión y el magnate americano de la comunicación Rupert Murdoch, que se clausuró en 1991.
[6] http://www.ses-astra.com/landingPage/es/index.php

Desnudos y a lo loco

A vueltas con un post anterior, leo y releo varios blogs en el planeta SIC y descubro aportaciones tan interesantes como las de Fran Salvador hablando sobre Strands.com como aglutinador de Redes Sociales (¿qué será lo siguiente? ¿el agregador/contenedor de “aglutinadores”?) O el de Mª Eugenia sobre la noticia de Facebook como red social para juicios, haciéndose eco de cómo los juzgados australianos utilizan esta plataforma para comunicar litigios cuando no han podido contactar con los interesados por medios tradicionales. También Mª Paz habla del “escapismo emocional” vinculado a la experiencia de bloggers desde prisión.

Y si nos detenemos a leer el artículo publicado ayer por El País, cuyo impactante titular es Desnudos en las redes sociales podríamos empezar (y no parar) a debatir sobre los beneficios y los perjuicios que suponen todos estos avances tecnológicos en nuestra cotidianeidad.

Nos ponemos en alerta cuando nos encuestan telefónica o personalmente y nos solicitan datos personales pero no tenemos ningún pudor en suministrar información sobre nosotros que, en función de dónde caiga, puede servir para ¡vaya usted a saber qué fin! (espeluznante el dato que aporta el artículo sobre cómo la información que aparece en Facebook ha servido para planear secuestros) Sin embargo, no se me ocurre cómo podría haber organizado en un tiempo récord una fiesta sorpresa para un amigo sin la ayuda de la red: desde la localización de sus antiguos compañeros de colegio hasta la contratación de servicios como el karaoke o el encargo de la tarta personalizada de cumpleaños, así como el envío masivo a los invitados de la dirección exacta del lugar de celebración, incluyendo las coordenadas GPS y, por supuesto, el mapa de rigor (que ya incluso tiene el “Street view” para identificar exacta y gráficamente el lugar… ¡ya nadie tiene excusa para no llegar! ;-))

Sorprenden (por evidentes) los consejos que ofrecen en el mencionado artículo para preservar la privacidad pero no está de más recordarlos… Al final, todas estas herramientas nos facilitan la vida pero, al igual que el coche nos ayuda a llegar antes, primero hay que aprender a conducirlo y a utilizarlo con cabeza.

La manida afirmación “el futuro está en nuestras manos” es más real que nunca… y nos reímos con descaro de lo que el director de la Oficina de Patentes norteamericana, Charles Duell, predijo en 1899: “Todo lo que se puede inventar ya ha sido inventado”… ¡pobre Mr. Duell, si levantara la cabeza!